Fragmento de mi novela «Camino de Seductor» 2

Las 10:00 pm, sentado en una butaca de la sala y ella sobre mí. La lámpara del comedor nos brindaba una luz penumbrosa. La bata roja, de encajes, dejaba traslucir la ausencia de ropa interior. Vi unos bellos cortos y oscuros entre las piernas, los senos duros y pequeños, con unos pezones grandes, rozados, que invitaban a libar. Creí estar soñando. Como buen timorato no tomé la iniciativa. Ella, más agresiva tomó mi mano y la puso justo entre las piernas. Palpé una abertura húmeda y lentamente la froté. Empezó a moverse poco a poco mientras apretaba sus labios contra los míos. Terminó en un suspiro, mostrando esa sonrisa bella que me hacía adorarla. Me besó con ternura, se levantó y tomando mi mano me llevó al cuarto.
Encontré una habitación amplia, acogedora. Cama camera reflejada por el espejo de la cómoda al costado, y arriba uno gigante que colgaba del techo. Una lámpara fluorescente, de color rojizo iluminaba la pieza. Todo diseñado para el placer. Nos sentamos en la cama. La acaricié.

-Quítame la ropa.-pidió

La fui desvistiendo lentamente. Quería que mis cinco sentidos captaran cada uno de los instantes que jamás olvidaría. Por fin poseería una mujer. Era mi debut. Su visión de hembra desnuda pareció un sueño, pero el roce de sus manos sobre mis brazos me trajo a la realidad.

-Bésame aquí…..tócame acá- impartía instrucciones y yo, disciplinado, obedecía.

La besé en todo el cuerpo. Estaba ansioso por penetrarla, sin embargo, esperé y me contuve. Su aroma suave, dulce y delicado proporcionaba un goce desconocido. Tendida sobre la cama respiraba cada vez con más profundidad. Tomó mi mano y la ubicó en la entrepierna. Mis dedos se empaparon con los líquidos. Esa humedad cálida y acogedora terminó por enloquecerme. Hizo una mueca mordiéndose los labios e incorporándose comenzó desesperada a despojarme de la ropa. Caí sobre ella con las ganas que por años tuve contenida. Tomó mi sexo libre y duro apretándolo con deseo, guiándolo hacia la vulva húmeda. Al empujarla se deslizó con rapidez. La sensación de la vagina junto a los gemidos me hizo hervir de placer. No logré retener un fuego hecho líquido vaciando mi alma, inundándola toda. Me quedé embelesado no sé por cuanto tiempo hasta sentirla cabalgar con mi trozo de carne en sus entrañas. La vi transfigurada, llena de lujuria. En ese instante recordé una frase entonces enigmática: Las mujeres lloran cuando gozan. La había leído de cierta novela policiaca, años atrás. Perdí la cuenta de sus orgasmos.
Cuando llegué al segundo clímax me transformé en una bestia desbocada. Perdí la vista en medio de gritos onomatopéyicos. Finalizamos exhaustos, sudados y satisfechos. Un acceso de risa se apoderó de ella y terminó por contagiarme. Nos quedamos abrazados, compartiendo aliento, sudor y cansancio. Vi su risa mezclada de lágrimas. Me supe capaz de recibir y dar goce. Y entonces fui un hombre feliz, un animal satisfecho.

2 comentarios

    • TheMasterMind en 18 junio, 2018 a las 5:49 pm
    • Responder

    Pedro P esto es simple curiosidad, esa novela viene siendo más bien de erotismo. Literatura erótica o tiene algo que ver con las metodologías PUAs y los métodos de seducción, formas de sargear, etc.

  1. Tiene que ver con la seducción pero más bien es una novela erótica

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