Desde que llegamos a Caracas los tiburones le echan el ojo. La verdad es que está muy buena y cada vez que se lo digo se sonroja como una niña y eso es lo que me excita de ella. Todo el mundo, o mejor dicho, lo jefes, se le acercan y le vienen con lo típico, piropeándola en exceso y ofreciéndole ayuda. Puro babeo. Yo no, conmigo es diferente. Al principio ni la miro. Estoy cuadrado con una enfermera antes de salir de La Habana. Nos conocimos en el concentrado y fue sexo a primera vista, pero al llegar aquí nos separaran. La dejan en la capital y me mandan para Valencia. Se pone triste y hasta alguna lagrimita echa, aunque al mes se empate con otro. Total, está en todo su derecho. Yo tampoco perderé tiempo. Estaré con una y otra y otra más.
Pero a esta la envían también a Valencia, y “casualmente” nos ubican en la misma casa. Claro porque entonces ignora, igual que yo, que Reynaldo, el coordinador de la misión médica, tiene planes con ella. La quiere cerquita para enredarla, pero el hijo de puta tendrá que desistir después de pasar un año haciendo de todo para conseguirla.
Después de una semana decido abordarla. La tarde está cayendo y tenemos que estar quietos en base. Son las reglas aquí. La miro fijo y se muestra nerviosa e intrigada, y entonces, con toda la tranquilidad del mundo le hago saber que tarde o temprano voy a ser su consuelo. Hace un gesto de extrañeza, aparentando no comprender, y le digo, mami por si no lo entiendes, voy a ser tu marido aquí, y te voy a proteger de los buitres estos y te voy a tener desnuda conmigo cada noche, y haré que lo olvides todo. Me voy a convertir en tu droga. Pone cara de ofendida, me dice que es una mujer decente, casada, y me llama grosero. Se va y permanezco allí, contemplo su retaguardia.
Pasan los días y no la busco más, alguna que otra vez la sorprendo mirándome y sonrío. Quita la vista y se sonroja.
Mientras, Reynaldo la asedia y no me conviene chocar con él para no ser expulsado de la misión. Además, ando con una venezolana que me absorbe casi todo el tiempo.
Siento pena por ella. Las mujeres le tienen suspicacia. Se ponen celosas porque saben que sus hombres la codician. Mi amante venezolana ya ha armado sus dramas y con sobrados motivos. Ha visto como la miro y se ha puesto tan insoportable que termino por dejarla.
Casi siempre está sola. Los únicos que se le acercan son el coordinador, y yo algunas veces. Me pide que la acompañe al cajero. Teme sufrir un atraco. Ayer supimos de un colega a quien casi matan los malandros. Todos vivimos en un estrés constante.
Se siente tan mal que me cuenta el acoso del jefe. La ha llamado y le ha puesto un ultimátum: “O eres mía o te haré la vida un yogurt y te vas a ir pa Cuba sin nada” Así de desesperado está el tipejo. Me habló por desahogarse, pero lo menos que piensa es que soy medio loco. Regreso y la dejo en su habitación. Estoy “arrecho” como dicen aquí. Voy a su oficina. Lo cojo a lo cortico y le doy su buena “mano” como también dicen. El muy pendejo ni reacciona. Tiembla, es trigueño oscuro y está más blanco que una hoja de papel. Se da cuenta que en este momento lo mataría sin pensarlo dos veces. Es tanta mi impotencia por no defenderse, que lo zarandeo por el cuello de la camisa y lo insulto con todas los adjetivos posibles. Le digo hijo de puta, maricón, poco hombre, cucaracha, oportunista, chivato, arrastrado, bajo…nada, el tipo no se inmuta, solo tiembla como una rata.
Esta locura pudo salirme cara, si no me joden es por ella, que por suerte tiene grabadas todas las pruebas. Por eso todo queda en familia y Reynaldo nos deja tranquilos y se hace la idea que nada sucedió.
Así nos hacemos cómplices y yo continúo gozando con otras pero cargo la balita del gas y la ayudo con todo porque sí, por cariño y no solo porque está rebuena. Cumplimos el año y se va para Cuba con el expediente limpio, sin cuernos para el esposo. Es de las finas, una entre mil, y por eso le cae mal a unas cuantas.
Pero cuando regresa la noto cambiada. Me mira diferente y a cada rato se le escapan suspiros. Esa noche abre el alma y me entero de todo. Su esposo es el único hombre que ha conocido y jamás le ha sido infiel aunque no sabe lo que es un orgasmo ni mucho menos sentir placer porque se lo hace a lo bruto y en tres minutos termina. Vive en la miseria porque el tipo se lo gasta todo en bebidas y al llegar a Cuba comprobó que casi no le queda dinero en La Tarjeta porque el muy degenerado se lo ha gastado todo y ya está cansada de nadar para ahogarse en la orilla y lo único que desea es olvidarse del mundo. Y comienza a llorar y la recuesto a mi pecho, le acaricio el pelo y a los pocos minutos la tengo en la cama. Al inicio siente vergüenza hasta que se libera y empieza a gemir y al terminar se aferra a mis brazos y llora largamente y hasta me da las gracias porque por primera vez sabe lo que significa sentirse hembra.
Pero el tiempo pasa y ahora estamos en un hotelito en Caracas. A la espera, porque mañana volamos a Cuba. Terminamos la misión y sabemos que lo nuestro es difícil. ¡Hemos hablado tanto de eso! Soy un mujeriego incorregible, estamos en los dos extremos del país, tenemos hijos, mi esposa está enferma y si vine aquí fue por ella. No puedo abandonarla. Todo se hace difícil. Mañana llegaremos y nos estarán esperando en el aeropuerto. Cada uno irá por su lado con sus respectivos cónyuges. Quizás las primeras semanas me llamará o lo haré yo y escucharé llantos o suspiros a través de la línea, y evocaremos este tiempo. Haré planes infructuosos para visitar su provincia y quizás hasta tengamos sexo por telefóno. Solo de conversarlo llora e intento ser fuerte y consolarla con palabras trilladas que no nos sirven. Por eso se desnuda, entra al baño y me quedo boca arriba sobre la cama con la mente en blanco porque no quiero pensar.
Al rato escucho su voz que me llama. Me desnudo y entro. Abro la cortina y me acerco por detrás. Sonríe. La ducha deja caer un agua cálida que acaricia los cuerpos. Por unos momentos nos desconectamos del mundo y sus penurias. Olvidamos los problemas, felizmente enajenados en un éxtasis total. Mañana será lo que será, pero ahora, por unos momentos, nada parece importarnos.
1 comentario
Gracias por deleitarnos con esta historia,es parte de lo que se vive en una mision y parece tan real que a cualquiera le puede haber pasado,eres un magnifico escritor y particularmente me gusta lo que haces, espero sigas asi y logres tus metas,besos