Otro fragmento de mi novela «Camino de seductor»

Debí esperar unas semanas para acostarme con ella. Primero mi inseguridad que no se había ido del todo, y después porque comenzó a dilatar las cosas pretendiendo conocerme. Lo peor fue que en todo ese tiempo no abordé a ninguna mujer.  Me sentía estancado. Cuando tuve el valor de proponérselo ofreció excusas.

– Yo no soy una mujer liberal. Dame un tiempo para asegurarme que lo tuyo va en serio.

-¿Es por la diferencia de edad?

-En parte es eso y también tengo una hija. Quiero darnos un tiempo para que al final valga la pena.

Entonces no comprendía su juego. Quería atraparme en una relación monógama. En cambio, mis intenciones eran otras. Solo sexo sin compromisos, disfrutar con las mujeres. Tenía que ser fiel a mis principios, echarme en la espalda todas las debilidades que me llevaron al fracaso y luchar contra lo que fuera.

-No quiero mentirte. No he cumplido los treinta y por ahora no estoy para compromisos. Solo puedo ofrecerte buenos momentos- le solté.

Temí haber echado a perder cualquier oportunidad de poseerla. Sin embargo, reaccionó de un modo inesperado. Me miró con la boca entreabierta, y una sonrisita extraña. Pasó la lengua por los labios en un gesto inconsciente, fugaz. Me excitó. Recordé aquellas palabras machistas de Roly un año atrás, de que no debía importar lo que ellas pensaran y asumir que todas eran putas hasta tanto se probara lo contrario. Abrí la portañuela y saqué lo mío.

-¿Qué haces? ¿Tú estás loco? Por favor vete- fingió indignación, no obstante, noté la voz diferente y la respiración sofocada.

Estábamos en la sala. Miró hacia afuera nerviosa .Podían vernos desde un edificio aledaño. Cerré las persianas. Estaba decidido a todo. El mundo no se iba a acabar por mi osadía.

-No, que mi hija está por llegar- dijo sin convicción.

Tomé su mano y la puse donde quería. Se estremeció. Comenzó a frotarla.

-No, no- repetía con voz apagada y continuaba ahí, frotando.

No pasó un minuto y la atrapó con la boca, toda una experta. Yo era el hombre. Me sentí libre y fuerte, como nunca.

-Tiene que ser rápido- imploró.

La levanté por la nuca. Me condujo a su cuarto entre besos y apretones. Fuego en el atardecer.

-¿Y tu hija?

-Está con el padre. Viene por la noche. Ayyyy

Y siguió más fuego. Terminamos sofocados y felices.

-Eres un singao- murmuró entre risas.

Se comportaba como una mujer desenfadada y alegre. ¿Dónde quedó eso de no ser una mujer liberal?

Estando con Mary no me acerqué a otras mujeres. Con ella todo era fácil. Cada mañana pasaba por su casa. Debía esperar un rato que la hija saliera para la escuela, entonces entraba y pasábamos un rato de placer. Llegaba tarde al trabajo y no me importaba. Estuvimos meses así. Adquirí malicia, y poco a poco fui perdiendo la timidez, ganando en carácter. Y no sé si se había enamorado pero comenzó a ponerse exigente. Ignoraba sus cosas hasta que un día explotó.

-Solo te interesa venir, cogerme el culo y después irte. Me estoy cansando.

-¿Y qué otra cosa tú quieres? –encogí los hombros.

-Lo que quiero es que vengas para acá y te ocupes de mí y de esta casa, y que podamos salir a la calle como una pareja normal.

-¿Y la diferencia de edad?- me excusaba.

-¿A ti te importa? Yo no vivo con la gente. Mira a ver qué vas a hacer porque me queda poco de juventud  y no puedo seguir perdiendo el tiempo.

-Te dije que no quiero compromisos por ahora. Soy muy joven y ya tuve un fracaso.

-Mira Oswaldo, hace días vengo pensando y tomé una decisión, o te tomas lo de nosotros con seriedad o terminamos ahora.

-¿Estás dejándome?

-Si no haces lo que pido sí. No voy a permitir que me sigas usando.

Pensé en Karen, Elaine y todas aquellas que en algún momento me manipularon. Sentí una ira que solo pude contener huyendo. Salí de allí como un rayo. Me molestaba recordar sus palabras. Una mujer con más experiencias que yo, independiente, desinhibida y nada tonta, no podía esgrimir el recurso tan bajo de decir que la usaba. Me marché ignorando si volveríamos pero con la convicción de que ni ella ni ninguna otra mujer en mucho tiempo obtendría otra cosa que no fuera mi pene.

Desperté a la mañana siguiente con deseos de verla. Al final no fui. Mi orgullo habló más alto. Tenía mi número de teléfono, por tanto si deseaba que la visitara debía llamarme. No lo hizo. Una noche, movido quizás por el impulso, marqué su número y colgué antes de tiempo. No recibí réplica y eso me entristeció. La sensación de pérdida y el deseo de poseerla aumentaron con el paso de los días. Decidí pasar una tarde, a la hora de cerrar el mercado. Entonces la vi a lo lejos. Un hombre la tomaba del brazo mientras ella sonreía. Hablaban tan cerca que no cabía duda. Algo existía entre ellos. Lamenté el tiempo perdido, el haberme estancado en el camino de convertirme en seductor. Terminar con Mary fue la oportunidad para salir de la zona de comodidad y volver a la guerra.

6 comentarios

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    • Dainier en 27 septiembre, 2018 a las 2:30 am
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    me gustaría que me enviaran libros de seducción más prácticos en Cuba,en la realidad que vivimos nosotros a mi correo dainierllovet@nauta.cu.También me gustaría que publicaras cómo puedo usar aún más mi talento en la música para crear más atracción

  1. Hola Dainier. Esto es una novela, y mi blog no es sobre seducción, sino que está orientado a presentar parte de mis textos literarios y mi manera de ver la vida. Te recomiendo el sitio http://ftpseduccion.cubava.cu/. Allí quizás encontrarás lo que buscas, aunque si necesitas una opinión personal me lo haces saber y te la doy por correo.

      • Dainier en 10 noviembre, 2018 a las 6:04 pm
      • Responder

      estuve buscando en el sitio y no me sale nada…Aún así me gustaría contar con tu ayuda para mejorar mis relaciones con las chicas,y por cierto están bonitos los fragmentos de novelas y los artículos,me ayudan a tener una visión distinta de la vida…

    • ruth tatiana en 28 septiembre, 2018 a las 5:53 pm
    • Responder

    me encanto esa parte del texto muy real

    1. Gracias Ruth, me alegra que te haya gustado.

    • lia99 en 30 septiembre, 2018 a las 10:27 pm
    • Responder

    Como siempre, impresionante. Esta historia (como todas las demás que he leído) me encanta. Reflejas verdades que nadie dice, puntos de vista con los que muchas personas nos identificamos.

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