Fragmento de mi novela en proceso «Dejarla ir»

Esta noche no ha sido diferente, me desvelé como en todas.  Me despierto con el sonido del móvil. Tengo el cuerpo adolorido, reviso la llamada y con los ojos aún entrecerrados de sueño se van volviendo nítidos los números. Es ella, ha llamado 2 veces. Consulto la hora, son las 8:00 am, y tengo que ir al trabajo. Hay una reunión importante previa a una fiesta por no sé qué motivo, ni me interesa.  Me voy sin desayunar, no tengo apetito. Llegando entra un mensaje, lo abro y dice:

“Actúa como un adulto, por favor, llevo una semana intentando localizarte para devolverte las cosas, te aseguro que para mí es más difícil porque tú te tiras a cualquiera y se te pasa pero yo no”.

Y no sé qué pensar, siento rabia, tristeza, angustia, esperanza. Muchas emociones. ¿Qué me quiere devolver? ¿Un diploma insulso de un concurso literario? ¿Un viejo pantalón de trabajo? Si hubiese querido ya los habría devuelto. Por un momento el impulso me dicta responder, sin embargo opto por no hacerlo. Debe ser un tanteo. Como hace días no la busco…Seguro se siente culpable, nostálgica, y por eso descarga su frustración. Ayer llamó a Rafa, mi mejor amigo, para saber de mí.

-Te está midiendo el aceite- me dice.

Y tiene razón, quiere saber dónde está parada y no debo caer en el juego.

La reunión es un plomo y no veo la hora en que acabe. Como soy rebelde casi nunca asisto, pero esta era ineludible, además, no se debe tensar la soga. Lo último que necesito es un problema laboral. Al fin termina y comienza el “fetecún” Quiero irme pero estoy débil y necesito almorzar. Aguanto lo mejor que puedo, a veces me distancio evitando que vean mi rostro insatisfecho. La verdad es que quisiera estar lejos.

Con un sándwich y un refresco cola en el estómago no puedo resistir a esperar el almuerzo. Me voy. El lugar es distante, a más de cuatro km de la ciudad. Recorro a pie la carretera, no me importa caminar. A mitad de distancia un amigo me da “botella” y llego en dos minutos.

Justo al apearme la veo. Sale de un auto con su niña, va a entrar a una tienda. Nos cruzamos la vista, la noto triste, delgada. El chofer espera recostado a la máquina y me invaden los celos. Sigo caminando con una amarga sensación, el pecho se me aprieta e imagino que está con él. La idea choca con la razón pero no puedo quitármela de la mente.

No quiero ir a casa, por eso  voy para el trabajo y me encierro en la oficina. Abro la computadora y entro a un chat donde conocí a Nadia, hija de padres rusos que no sé cómo coño vinieron en los 90. Demasiado rubicunda para mi gusto y a la vez depravada. Quizás eso último me atrae. La semana anterior intenté penetrarla y no pude, en su defecto me dio la felación más loca de mi vida. Le escribo y quedamos. Le he advertido que nada de penetración. No le doy razones y no me las pide. Solo se conforma con chupármela mientras se masturba. Dice que la mía es la más hermosa que ojos humanos han visto. Trabaja al costado y al rato la tengo bajó el buró libando como una ternera. Miró su rostro lujurioso y se ve que disfruta.  Me pone a mil y consigue que olvide por un momento. Los chorros entran disparados hacia la garganta, lame las gotas restantes y por los labios deja caer esperma sobre los senos pecosos. Se los embadurna, me da las gracias y se marcha como si nada, con expresión satisfecha. Cierro la puerta y permanezco por un rato, con los ojos cerrados, semidormido. Después salgo.

Ha oscurecido, estoy en la entrada pero no puedo salir. Llueve demasiado. Sentí el aguacero desde que estaba con Nadia y al parecer no pretende amainar. Me invade la tristeza. Me gustaría escuchar su voz, al menos eso. Colgaría rápido sin que advierta que soy yo, aunque sé que no debo, me haría mal. Sin embargo, lo hago por impulso. Me veo marcando el fijo de la casa y cuando da el primer timbrazo cuelgo arrepentido, sin esperar que lo levante.

La lluvia cesa, por fin logro salir. Al rato me recoge un autobús. El teléfono suena, veo que es ella y no sé si cogerlo. Al fin lo hago. Me pregunta y no sé. Me entero que tiene el fijo transferido al móvil. Le explico que se marcó solo mientras lo tenía en el bolsillo. Siento el orgullo herido. Entro al cuarto, me encierro y por primera vez lloro desde que me dejó. Me baño, como un poco. Necesito desahogarme, voy a casa de mi amigo. El único que conoce esta angustia.

-Chico ¿Por qué no hablas de nuevo con ella? ¿Quién sabe si te extraña? A lo mejor está arrepentida y loca por volver contigo. La verdad es que se veía muy enamorada de ti. El orgullo no te va a llevar a ninguna parte- aconseja

-No jodas. Ella fue quien me dejó. Si la busco después tendré que ir al Registro Civil a cambiarme el nombre y ponerme Cornelio.

Nos reímos. Una música sale de la casa del lado. Siempre es el dichoso reguetón, sin embargo, no sé por qué, precisamente ahora, tienen que poner una balada, de esas que dan deseos de cortarse las venas. Me despido para huir.

Caigo en la cama, exhausto. Espero dormir esta vez. Hoy cumpliríamos otro aniversario de casados. Ha sido un día bastante duro.

8 comentarios

Ir al formulario de comentarios

  1. Casi puedo sentir la pena del protagonista… Muchas felicidades por tus escritos, y gracias☺

    • lia99 en 22 enero, 2019 a las 9:33 pm
    • Responder

    Sé lo que se siente. A veces cuesta trabajo dejar ir a esas personas que se han convertido en una parte importante de tu vida. Es muy duro tener que aceptar q se acabó. Algunos se refugian en el alcohol, otros usan a alguien a para olvidar. Pero al final nada consigue llenar ese vacío que parece infinito.

    • Apolo11 en 26 enero, 2019 a las 3:58 pm
    • Responder

    Amigo PedroP:
    Finalmente halló tu blog. Con un poco d curiosidad lo reviso, con ganas d comprender esta tarea meteórica q t has propuesto, para mi sorpresa: se te da muy bien. Con el poco tiempo del q dispongo seguiré descubriendo este fascinante mundo. Un saludo
    Apolo11

  2. Gracias Apolo11. Siéntate bienvenido a mi blog.

    • Darcia en 2 febrero, 2019 a las 4:24 pm
    • Responder

    Cuanto dolor en el corazon de este hombre aun ama a su esposa, pero quizás el orgullo no lo deja llegar a ella y pedirle que se den una segunda oportunidad, como siempre te he dicho sabes que me encanta lo que haces y espero poder seguir disfrutandote, un beso desde Guantanamo

  3. Mi personaje no se manda, tiene que hacer lo que el autor decida. Jaja. Es una novela, pero más serio… Consideras que un hombre al que su esposa dejó debe ir donde ella para buscar una segunda oportunidad? Creo que no se trata de orgullo, sino de amor propio. Y te aseguro que aun cuando una mujer acepte a un hombre en esa situación, el mensaje implícito será fuerte y claro: lo puede dejar y recoger cada vez que le de la gana. Así no vale la pena.

    • Apolo11 en 9 febrero, 2019 a las 4:10 pm
    • Responder

    Amigo Pedro P:
    He leído cada uno de tus recientes artículos en el post, y como ya dije antes: SIMPLEMENTE; FASCINANTE!!! Me quito el sombrero antes tus dotes de escritor, cosa q ya había descubierto un poco en el blog de PRIDE. Unos de los artículos que más sobresalió en mi mente: Radiografía de una ruptura sentimental, me causó gran admiración. Hace un tiempo tuve un descalabro sentimental, por así decirlo, y lo que me sirvió de salvavidas fue un librito, que a pesar de haberlo tenido desde hace tiempo, no le había dado la importancia suficiente. Si; hablo de “Mi novia: manual de instrucciones” de Fabio Fusaro.
    En el hay una cantidad enorme de ideas que argumentarían tu artículo.
    Quisiera señalar también que tocaste un nervio que tenia encarcelando con el fragmento de tu novela “Dejarla ir”. Creo que muchos hemos pasado por situaciones parecidas, solo que ha algunos nos ha hecho mejorar y otros se han hundido en un abismo como decía en su comentario Lia99: el alcohol.
    A pesar de que no te gusta que te llamen gurú, ambos sabemos que tus ideas y tus puntos de vistas, cada día ganan más seguidores y adictos. Espero poder algún día tener tus obras en copia dura para degustarlas. Ah… por cierto, aunque no tan lejos como tu, ni tampoco con la envergadura de tus trabajos, también tengo un proyecto en camino, con Ediciones La Luz, una pequeña mini novela: “Un ángel llamado: Camila”. Aunque yo solo lo haga como hobbie, espero que tu si llegues ha triunfar como escritor, como estoy seguro que lo harás. Por cierto, tus obras toman un aire al escritor David Curbelo, aunque si ser crítico literario, me atrevería a decir que las tuyas son un tanto más inteligentes y eróticas sin llegar a ser vulgares.
    Un saludo…
    Apolo11.

  4. Estimado Apolo11, gracias por tus palabras. En realidad no me considero tanto como ustedes dicen, pero siempre es agradable escuchar críticas positivas sobre uno. Eso levanta el ego y la autoestima.
    Yo no escribo nada que no haya vivido en algún sentido. Más allá de la imagen de éxito con mujeres que me puedan atribuir, yo también he amado y he sufrido y he sido derrotado. Yo también soy un ser humano con carencias y vulnerabilidades, como todos.
    Me alegra enterarme de que también escribes. Si te gusta no renuncies ni te compares, simplemente persevera.
    Me sorprende gratamente que me compares con David Curvelo. Creo que estoy lejos de su calidad, y mis referentes literarios nada tiene que ver con él. Saludos.

Responder a Apolo11 Cancelar respuesta

Tu email nunca se publicará.